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| De izquierda a derecha: Eduardo, Ana, Gema, Esperanza, Guillermo Martínez, yo misma y Elena |
Como suele ocurrir en estos encuentros, el autor nos contó la manera en que se gestó la novela. Uno de los puntos importantes y que creyó interesante para desarrollar la temática en la que se basa la trama. Comentó que sabía muy poco acerca de la vida de Lewis Carroll, que solo había leído Alicia en el país de la maravillas cuando era un niño y que la lectura de la misma, no la entendió muy bien.
Al empezar a indagar sobre la vida del escritor, manifestó que —fue como abrir una caja de Pandora—, dado que Carroll desarrolló su vida no tan solo como escritor, sino que también como fotógrafo, eclesiástico y matemático. Como fotógrafo, fundamentalmente, se dedicó a retratar niñas. Esto último, abre la polémica respecto a su sexualidad.
Por otro lado, los diarios que escribió a lo largo de su vida y de los cuales, se sabe, sus propios familiares arrancaron algunas páginas, específicamente una que se refiere a cuando la madre de Alice Liddell, le prohíbe seguir viendo a sus hijas. En teoría en esa hoja, aparecerían los motivos.
A partir de estos datos y, con una estructura perfectamente bien planificada, como buen matemático que es Guillermo Martínez, crea una novela negra en la que descubrir el misterio de una hoja cortada, será parte de la temática del libro, la que propiciará que, además, caminemos junto a una hermandad y una becaria, para resolver el misterio que se esconde.
Desde el punto de vista como lectora y ya, bastante avanzada la lectura que he ido disfrutando letra a letra no tan solo por el ritmo que lleva la historia en sí misma, sino que además debo destacar y sumar, la utilización de muchas palabras de uso frecuente y común en América, en este caso, específicamente en Argentina y también en Chile, de donde yo provengo. Un lenguaje rico en matices y expresiones que no solo enriquecen el vocabulario de este lado del mar, sino que además da entonación a alguno de sus personajes. Sinceramente, me ha parecido un gran acierto que a la hora de la corrección editorial, no hayan cortado ninguna.
También debo agradecer a este libro, que me haya dado razones para indagar un poco más, acerca de la vida de Lewis Carroll, solo conocía algunos barnices de la misma, como por ejemplo, que fumaba opio porque sufría de jaquecas y en uno de esos episodios, habría escrito Alicia en el país de las maravillas. Sabía también, que era matemático sin embargo, desconocía todo lo demás. Para mí, insisto, como lectora, es de agradecer cuando un libro que se lee por afición, me conduzca a investigar y a querer saber un poco más de lo que desprenden sus hojas, es un bonus track que no cualquier novela consigue y esta, lo ha logrado haciéndome investigar un poco más allá de la trama.
Gracias por la invitación, Destino, Alba Fite y por supuesto a la dinámica Soy Yincanera.
En la fotografía, Guillermo Martínez y yo.













