Hace algunos días, publiqué mi comentario acerca de Todos buscan a Nora Roy. Una novela en la que Lorena Franco se luce nuevamente y demuestra con creces ser la reina del thriller.
Comienzo esta mini entrevista, comentándote que entre otras muchas cosas, no me gusta comparar ni a escritores ni a sus libros. Creo que cada novela nueva aporta un mensaje diferente y aporta, además de entretención, un argumento nuevo en el que se desarrolla una trama que nada tiene que ver con ningún otro libro.
Todos buscan a Nora Roy, no ha sido la excepción para mí. Me sorprendió de principio a fin y no tiene nada que envidiar a sus antecesores, ni al revés.
Imagino que situaste la novela en Barcelona, porque es un ambiente conocido. Me gustaría que me contaras si el piso en el que vive Eva existe o, es una recreación de tu imaginación.
Sí, todos los escenarios salvo el centro psiquiátrico “Vera de la Cruz” son reales, incluido “El café del Sol”, debajo del bloque de pisos donde vive Eva en el barrio de Gracia. El interior de los pisos sí es una recreación de mi imaginación, pero hasta la casa de Nora Roy, en Sitges, es real, y podemos verla a través de los setos que separan el jardín de la calle. Barcelona, además, es un escenario muy literario, muy cinematográfico, y ha sido genial recrear este thriller “más urbanita” que el anterior, “El último verano de Silvia Blanch”, que estaba ambientado en Montseny, un pueblecito de montaña. Me gusta que, quien visite a Barcelona y haya leído la novela, pueda identificar cada lugar que aparece en ella.
Me ha llamado mucho la atención el desarrollo de los personajes, más allá de Eva que como protagonista, creció a lo largo de la novela, el de Nora y su carácter me sorprendieron mucho. ¿Cómo has conseguido amalgamar, tan bien, a estas dos mujeres, siendo para mi gusto, protagonistas las dos?
A medida que la trama avanzaba, sentía que, tanto Eva como Nora, evolucionaban con ella. Fueron dos personajes que, desde el principio, fluyeron muy bien. Les puse mucho corazón. Empaticé con ellas al máximo, especialmente en las situaciones más duras, cuando ya creía conocerlas “a la perfección”. Las diferencié desde el principio, me encariñé con ellas, no puedo negarlo. Eso facilitó el desarrollo de sus personalidades, en cómo reaccionan, en cómo sienten y viven, como si de verdad fueran dos mujeres de carne y hueso.
El psiquiátrico Vera de la Cruz, ¿existe? Como soy curiosa antes de hacer esta pregunta he investigado y las únicas referencias que encontré en Barcelona, son las de tu novela. De no ser así, ¿cómo has creado ese ambiente tan lúgubre y siniestro?
No, no existe. Es el único lugar ficticio en la trama, pero sí me inspiraron las casas que pertenecían a principios del siglo XX a la burguesía catalana, especialmente las que estaban en la zona alta de la ciudad y donde solían ir a veranear. Reconozco que podría quedarme horas contemplando la arquitectura de estas casas y que nunca descubriría por completo todos los detalles que hay en ellas. Me fascinan. Las novelas de Carlos Ruíz Zafón, especialmente la de “Marina”, influyeron mucho en ese aire tétrico y de abandono que quise otorgarle al lugar, un lugar siniestro repleto de secretos, donde conocer el pasado es primordial para resolver lo que está ocurriendo en el presente.
Hay elementos que desarrollas en la novela como por ejemplo las que hacen referencia al Alzheimer y que relatas de forma maravillosa, con frases que me han llegado al corazón, quizá por una historia familiar muy reciente, la psiquiatría o la misma profesión de Eva, tanatopractora, ¿te has documentado para ello?
Por desgracia, conozco la enfermedad de Alzheimer, una enfermedad durísima que se lleva el recuerdo de nuestros seres queridos. Leí varios libros, algunos de ellos son “Todavía estoy aquí”, de John Zeisel o “Memorias del Alzheimer”, de Pedro Simón. Respecto a la tanatopraxia, es una profesión por la que siempre he sentido mucha curiosidad, aunque sería incapaz de ejercerla y, después de documentarme leyendo varios artículos y muchas entrevistas a tanatopractores, aún admiro más a quienes dedican su día a día a esta profesión. De todas formas, quise humanizarla, apartar datos técnicos, relatar el día a día de Eva bajo su punto de vista y su sensibilidad, así como el Alzheimer, siempre desde el pensamiento y el dolor de nuestra protagonista.
Los malos, en tus novelas, suelen ser malos con alevosía, ¿cómo logras el equilibrio entre estos y los buenos?
El equilibrio está en encontrar la respuesta antes siquiera de formular la pregunta. ¿Qué ha motivado al malo para convertirse en lo que es? ¿Cuál es su historia? Plantear el pasado de ambos, de dónde vienen, qué dirección han de tomar y qué les motiva, es clave para crear personajes tan antagonistas a quienes el destino une.
Nuevamente, agradezco de corazón a la autora por tomarse el tiempo para responder a estas sencillas preguntas. Ahora, depende de ti, lector como yo, que tengas la oportunidad de leer este libro en el que tendrás todo tipo de sensaciones y que disfrutarás como un niño con zapatos nuevos. Yo ya sé dónde está y que le ocurrió a Nora Roy, te entrego el testigo para que seas el siguiente en descubrirlo.
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Todos buscan a Nora Roy, Lorena Franco
Nadie sabe qué fue lo que impulsó a Nora Roy, una paciente del centro psiquiátrico Vera de la Cruz, a asesinar a su psiquiatra y a una de las enfermeras. Nadie entiende cómo fue capaz de encerrarlos en el sótano, matarlos y huir sin ser vista.
Mientras todos buscan a Nora, Eva alquila una habitación a Charlotte, una parisina extraña y discreta. Una noche, Eva coincide en una discoteca con Adrián, un hombre al que apenas conoce, y terminan en su piso lo que parece una prometedora cita.
A la mañana siguiente, Adrián no está y Charlotte ha desaparecido dejando tras de sí las paredes salpicadas de sangre y la vida de Eva perturbada de manera irremediable.


































